Crónica de una noche de terror

Lo despertó un estruendo, y en la oscuridad y confundido alcanzó a escuchar que varias personas estaban ingresando a su vivienda. Vio el errático derrotero de linternas y pensó que estaba siendo víctima de un robo. De inmediato se abalanzó sobre la puerta del dormitorio para cerrarla en un acto reflejo de autoprotección aislándose de las instalaciones ya tomadas por los intrusos. Pero éstos forcejearon y empujaron con tanta violencia la puerta que el dueño de casa cayó sentado al piso. Entre la oscuridad y gritos -muchos gritos-, fueron emergiendo las siluetas de inmensos uniformados, vistos desde su perspectiva. Le gritaron y le pusieron las manos atrás y lo precintaron a modo de esposas. A los gritos le dijeron que se quedara boca abajo mientras uno de ellos le ponía una rodilla en la espalda y otro le golpeaba a puntapies las rodillas y tobillos.“Quedate quieto..! Revisen todo.. !!  Gritaban al tiempo que lo encañonaban con armas nunca vistas por él

Hasta aquí el episodio se asemeja a una de las tantas pelis y series en donde fuerzas militares o policiales luchan contra los malos, pero la realidad es que estas imágenes y sonidos fue lo que le tocó vivir a Luis Guerrero, un profesor de biología de 40 años, y apasionado bailarín de tango, durante la madrugada del jueves 21 de marzo.


A las 2.40 aproximadamente, casi una docena de efectivos (de ambos sexos) ingresaron a su vivienda luego de reventar la puerta de acceso con el uso de algún ariete metálico. A escuchar el estruendo, Guerrero despertó abruptamente y confundido entre los gritos, el tropel de los borceguíes y el derrotero errático de los haces de luz de las linternas, supuso que se trataba de ladrones que habían ingresado a su domicilio. En calzoncillos atinó a cerrar la puerta del dormitorio para aislarse de un eventual daño. Los intrusos empujaron con tal fuerza que el profesor de contextura delgada, cayo al piso y de inmediato dos efectivos se abalanzaron sobre su humanidad poniéndole las manos atrás, precintándolas y tirándolo boca abajo. Mientras uno le ponía una rodilla en la espalda otro le daba puntapiés en las rodillas y tobillos. Al tiempo que preguntaban “¡¿Tenés  armas… Tenés drogas..?!” “No nos mirés..!! Mirá el piso..!!!Guerrero asistía impotente ante la requisa de sus pertenencias que desordenadamente quedaron desparramadas en la habitación.Cuando encendieron la luz logró ver algunas insignias que le dieron la certeza que se trataba de efectivos encapuchados de alguna fuerza de seguridad. De inmediato uno de ellos le dijo que eran de la Fuerza Policial Antinarcóticos. En tanto en la cocina y el comedor otros efectivos abrían y cerraban puertas de heladera, armarios y alacenas, rompiendo un bajo mesada por la torpeza de los golpes. A ese sector lo llevaron, vestido solo con el calzoncillo y maniatado, le informaron que se trataba de un allanamiento y procedieron a leer el oficio judicial que habilitaba el operativo. Guerrero se enteró allí que una mujer encapuchada pero vestida con ropa deportiva era la testigo del procedimiento. La mujer llevaba un pasamontañas de distinto color al resto. El efectivo que estaba a cargo le pidió a la testigo que firmara. Seguidamente se dio entre el oficial se dirigió a la victima un dialogo similar al que sigue:
– Vos sos “Pinguli”? (obviamos el verdadero nombre para no entorpecer la entorpecida causa).
– No. Soy Luis Guerrero.
– ¿Cómo? -Repreguntó nervioso el funcionario-
– Me llamo Luis Roberto Guerrero – Insitió ya con evidente fastidio.Los efectivos se miraron unos a otros, el que parecía el jefe miró a sus subordinados, y luego se sacó la capucha.
– Mirá . Te pido disculpas -le dijo en tono conciliador, mientras ordenaba que le quitaran los precintos de las muñecas-.
Estamos buscando a “Pinguli”. Ha habido un desafortunado error. Te pido disculpas.- Reiteró  y dejó en un papel el nombre de pila de alguien que parece era más jefe y un número de teléfono.

Estado en que quedó la puerta de calle luego de irrupción de los efectivos de la FPA

Los efectivos (hombres y mujeres) se fueron retirando dejando a su paso destrucción, desorden, dolor físico y una terrible sensación de inseguridad en el dueño de casa porque quienes se la debían garantizar lo habían victimizado. Guerrero, que vive solo, dio aviso a sus familiares quienes de rápidamente se hicieron presentes en el lugar para acompañarlo y para gestionar ante la Policía de la Provincia algunos trámites como la constatación de los daños en la propiedad.Si bien los efectivos de la departamental San Javier  concurrieron con celeridad al domicilio allanado, no fueron tan expeditivos a la hora de labrar un acta para constatar los daños materiales y personales sufridos por Guerrero.Casi 40 minutos después se apersonó el “Superior de Turno”, el Sub Comisario Hugo Martín Guzmán, quien luego de las consultas telefónicas con la ayudante fiscal ordenó se labrara el acta en cuestión.Ya un poco mas calmado Guerrero manifestó que sintió en primera persona los efectos del terrorismo, “eso que lo que hace esta gente: terrorismo.”Guerrero paso el resto de la madrugada sin dormir pues no puede cerrar la puerta de calle que entrada la noche del jueves no se le había reparado.“Soy un prisionero domiciliario pues no puedo dejar mi casa con la puerta abierta”“Soy un docente que cumple con su trabajo cotidianamente, pago los impuesto, me preocupo por no hacer mal a nadie, y que quienes deben cuidarme me traten así, es indignate. Imaginate, trabajo con adolescentes. Mis vecinos asistieron a una fantochada de puesta en escena para los medios. Te imaginas como quedo yo ante ellos. Quien se hace cargo de limpiar la imagen que gratuitamente me ensuciaron?” “Voy a seguir hasta las últimas consecuencias con la investigación hasta dar con responsable o responsables de esta inoperancia. No quiero que el terror que me impusieron lo deba sentir otro vecino o ciudadano de bien. No quiero que se repita semejante atropello”“imaginate… mientras me estaban allanando, el sujeto al que debieron allanar, advertido por el circo armado, tuvo tiempo de limpiar su casa y hasta el patio”“Estoy muy de acuerdo con que hay que terminar con el flagelo de la droga pero no va a ser encarcelando a los consumidores, que muchas veces son adolescentes cada vez de menor edad, sino a los distribuidores que la misma gente sabe quiénes son y en dónde están, excepto los encargados de la Inteligencia de la FPA , evidentemente”. Guerrero dijo ademas que “pensaba que con bloopers como este la misma FPA termina siendo un cómplice pasivo pues le da tiempo a los narcos para trasladar los estupefacientes a lugares más seguros”Durante la mañana del jueves el docente cuyo domicilio fue violado, realizó ante la justicia los tramites pertinentes a fin de encontrar responsable o responsables de tan insólita inoperancia.Si bien el relato parece el corolario de un episodio del “Super Agente 86”, ocurrió de verdad ante la incredulidad y sorpresa de los vecinos de Villa Dolores. Luis Guerrero es profesor de Biología muy estimado por alumnos y compañeros de trabajo. Hijo de un conocido matrimonio dedicados al rubro de la repostería, es también cultor de una pasión: bailar tango. Su benevolencia hace que quienes lo conocen hayan expresado sorpresa, solidaridad y muestras de afectos en las redes sociales que viralizaron la noticia.Aún no se explica como una fuerza creada para combatir el narcotráfico, que maneja un importante presupuesto y tecnología de punta, no cuente con un servicio de inteligencia eficiente como para constatar previamente si el domicilio a allanar se trata del hogar de un trabajador o el aguardadero de algún delincuente.En Villa Dolores los habitantes no salen de su asombro aunque no pocos son los que critican el accionar de una fuerza desmesuradamente dotada en términos operativos para los magros resultado  que obtiene, y que monta un espectacular y llamativo despliegue en cada procedimiento.

#todosconluis