Juan Horacio Muñoz (Tito), nos lleva a bordo su DKW a compartir las andanzas juveniles en procura de conquistas amorosas
Diario de motocicleta




Por Juan Horacio Muñoz
Por
Juan Horacio Muñoz
Hacíamos camino al andar con “Chiquito” Moyano, recorriendo las calles de barrio Ardiles en la DKW cuando, al ingresar a la Plaza Sargento Cabral, las vimos: dos frágiles gacelas se desplazaban con gracia singular y gestos de aburrimiento.

Nos miramos con “Chiquito” y sin mediar palabra alguna, ya detectado el objetivo, iniciamos las maniobras de aproximación sin perder de vista el blanco elegido, y esquivando a un grupo de niños que cruzaban la calle gritando al unísono: “¡Tire boletines, tire boletines !”, mientras dirigían sus miradas hacia una avioneta que pasaba en vuelo rasante.

Rápidamente fuimos detectados. Pasamos frente a las chicas, las miramos y nos miramos.

Segunda vuelta: las miramos, les sonreímos, y nos miraron y sonrieron.Bco Nacion

Tercera vuelta: las miramos, les sonreímos, las saludamos y ellas nos miraron, nos sonrieron y nos saludaron.

En la vuelta treinta y uno decidimos parar ante el riesgo de quedar sin combustible. Nos costó muchas horas de lágrimas y ruegos, pero al final conseguimos que nos invitaran al cine esa noche. Nos despedimos quedando en encontrarnos en la esquina del Banco Nación, diez minutos antes de la función.

Temprano ya estábamos en la esquina con “Chiquito”, cuando las niñas aparecieron. La flaca elegida por mi amigo estaba deslumbrante de la cintura para arriba, su lacio cabello oxigenado caía como brillante cascada sobre sus hombros desnudos, la cara… bueno, no tenía solución, pero sus enormes glándulas mamarias resaltaban bajo un escote que parecía a punto de colapsar, y la corta pollera dejaba al descubierto dos largas canillas flacas y torcidas, con dos enormes rodillas como vaca de las sierras.

La otra, mi compañera, de cabello también oxigenado con grandes raíces negras, que estaba adornado con una vincha celeste, dejando al descubierto una frente pequeña; dos ojitos picarescos y, bajo su prominente nariz, sus labios rojos y gorditos. El resto no merece descripción, nada que destacar.

Chiquito” les pidió la plata y se adelantó para sacar las entradas. Quedaba feo que vieran que pagaban las chicas. Ingresamos al cine y conseguimos lugar en la primera fila, con la cortina a nuestras espaldas. Pasó el “Pichón” Sánchez vendiendo golosinas y nos guiñó un ojo, en momentos en que comenzaba la película.

Daban un peliculón de cowboys e indios, con Randolph Scott, en Cinemascope y en Technicolor, pero estas minas no nos dejaron ver nada.

Terribles las vagas.!
Nos acosaron incansablemente.!

Salimos del cine con algunas ideas y planes imaginarios, pero en la puerta se esfumaron, las esperaba una tía. Quedamos en juntarnos en Piedra Pintada al día siguiente, para mostrarles algunas pinturas rupestres.

Eran aproximadamente las tres de la tarde cuando me senté en el cordón de la vereda en la puerta del Cine Español –la piojera– a esperarlo a “Chiquito”. Estaba jugando con un palito y unas hormigas, cuando “F” me dejó un papel al pasar. Lo estaba por guardar, pero la curiosidad me llevó a abrirlo. Era el temario de la próxima reunión y comenzaba más o menos así: “El hombre nace libre, vive libre y muere en libertad”.

Una falacia total…! El hombre, cuando nace, depende de alguien que lo alimente, lo asee y lo abrigue. Luego recibe la enseñanza limitada al nivel de educación de su familia. Estudia también lo que puede, acotado por el poder adquisitivo de su familia y más tarde trabaja en lo que encuentra y recorre el sendero que le permiten, con el convencimiento de que hace lo que él quiere, de que es libre. Si hasta las creencias le son impuestas por medio del temor, temor a ser castigado si se equivoca, si piensa diferente, incluso, hasta si duda….

De pronto, un Falcon se detuvo a escasos metros, era el “Roly” Nasif. Guardé con disimulo la hoja de papel en el bolsillo de la camisa.

¿Qué hacés ahí? Vamos a tomar un café al Espléndido.

Estoy esperando al “Chiquito” Moyano, está en casa de “Pelusa”. Nos vamos a ver unas minas a Piedra Pintada. ¿Venís de San José?

No, vengo de la casa de Raquel. Bueno, si te aburrís, venite al Espléndido, voy a estar allá.

En eso, veo a la distancia que “Chiquito” viene corriendo. Subimos a la DKW y partimos raudamente por calle San Luis, hacia la calle Belgrano y doblamos hacia las sierras.

Quiso el destino que, en ese preciso momento, el “Oso” Bruno, quien había tomado prestado el auto de su padre que dormía la siesta, pasara lentamente por la Avenida San Martín frente a la Jefatura de Policía y doblara por calle Italia, acelerando a fondo para cruzar la calle Santa Fe (actual Ramón J. Cárcano) y luego Felipe Erdman sin levantar el pie del acelerador. Al mismo tiempo, nosotros cruzábamos la calle Sarmiento a gran velocidad y nos acercábamos peligrosamente a calle Italia. Llevábamos rumbo de colisión y…

Quiso el destino que, en ese preciso momento, un remolino de viento elevara la pollera plisada de una bella dama en la puerta de la Sastrería De León, como alguna vez lo hizo con Marilyn Monroe. Nuestros ojos se vieron obligados a dirigirse hacia ese lugar, al mismo tiempo que los del “Oso” Bruno.

De leonSe escuchó un espantoso estampido, y cuando abrí los ojos me di cuenta de que estaba volando. Disfruté de las sensaciones de esta nueva experiencia hasta que, de pronto, el asfalto de la calle se elevó golpeándome fuertemente. De inmediato me puse de pie, en momentos que “Pepe” Lorenzo repartía llaveros con la propaganda de Suixtil en la puerta de Ñaró. Me di cuenta de que estaba descalzo y comencé a buscar mis zapatos. No había autos estacionados por lo que me fue muy fácil dar con uno de ellos. Mientras me lo colocaba, caminé hacia la esquina. En ese momento, “Chiquito” recibía uno de sus mocasines de manos de un señor que gentilmente se lo alcanzaba.

¿Quién es? –le pregunté.

Tsuneo Maekawa.

Oh… ¡Que lo parió!… Pobre…

No, boludo, se llama así. Es el “ponja” de la tintorería.- me dijo

¡Aaaaah! Che, me falta un zapato.

Lo buscamos por todos lados y no lo encontramos. Alguien sugirió que a lo mejor cayó sobre el techo de alguna casa.

Nos dirigimos hacia el “Oso”, quien en ese momento miraba la rueda trasera izquierda de su auto. Intercambiamos amables insultos, luego éste subió al automóvil y se marchó con dificultad, con una rueda muy torcida.

Recogimos los pedazos de la moto, la subimos en la camioneta de un amigo del “Chiquito” y la llevamos hasta mi casa.

Ese fue el glorioso final de la DKW.

LLAMADO A LA SOLIDARIDAD

Se gratificará generosamente la devolución de un zapato mocasín, pie derecho, de cuero color marrón, número 41, cosido a mano, marca “Cheyenne”, recién estrenado, aun sin olor, extraviado hace 46 años, en la esquina de calles Belgrano e Italia. Cualquier noticia sobre su paradero, se agradece hacerla llegar por este medio.

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