La cotidianeidad de Tralasasierra ofrece frecuentemente momentos como que narra Sergio Coria.
La fuente del encuentro




Por: Sergio Coria

En mi pueblo pocas cosas son tan convocantes, naturalmente convocantes, como la Plaza Mitre.

Allí nos hemos dado cita, espontanea u organizadamente, cada vez que debimos manifestarnos colectivamente. Y dentro de la plaza, la fuente, es sin lugar a dudas, EL LUGAR del encuentro. En la fuente nos juntábamos cuando no podíamos encontrarnos con los amigos en medio de la vuelta al perro multitudinaria de los domingos después de misa. Allí nos dábamos cita los grupos de varias casi todas las escuelas, cada 10 de setiembre , para serenatear a las y los docentes en su día. Acto que deliberadamente volveríamos a repetir el día 16 a última hora para llevar nuestros acordes a los profesores.
En la fuente era el lugar en donde quienes cursaban el ultimo años del secundario, prometían juntarse cada años algún día previo al final de aquellos diciembres. Y la fuente sigue ejerciendo en mi cierta atracción y particularmente el banco a al lado del monolito que recuerda a los desaparecidos, a nuestros desaparecidos que la memoria colectiva tardó tanto en recuperar.

Sentarse allí, hacer una pausa, una pausa en las actividades cotidianas pero también una pausa en la vida. Mirar la Basílica detrás la fuente, ver la vida de la ciudad pasar alrededor como quien se guarece en una burbuja temporal.

Sentir el sol de invierno al mediodía, la brisa fresca… las bulliciosas catas que van de árbol en árbol, algún que otro pitojuán en una oximorónica sinfonía entre montaraz y urbanismo.
En eso estaba… tomando un helado, mirando la vida pasar… De pronto el sonido singular de una voz querida me llevó a mirar en dirección a la esquina de Balbi. Inesita (Inés López) se despedía de alguien con quien fortuitamente se encontró en el perímetro de la fuente, y caminaba hacia mi ubicación.

Luego de los saludos y abrazos postergados, le hice una lugarcito en el banco y en el vasito del helado que compartimos mientras hablábamos de letras, versos y rimas, de amistades comunes, y de nuestras vidas.

De pronto “por ahi cruzaba Garay”, el Walter (el “ahi” sin tilde), e Inesita no dudó en pegarle el grito y éste respondió como reflejo trocando violentamente su derrotero para enredarse en nuevos abrazos y remembranzas que hasta nos arrimaron la presencia del querido Javier Giordano discutiendo filosofía con los mismísimos Aquiles y Ulises allí en la eternidad. A los media cuadra en dirección a la esquinas de los bancos, venía a paso redoblado el Daniel Brito , sonriendo y preparando el abrazo. Su brevísima asistencia, nos hizo reflexionar a Inestia, Walter y a mi, sobre el poder mágicamente convocante de ese espacio. Y prometí entonces escribir estas líneas que espero hagan justicia de ese especial momento de esta jornada y que testimoniará para la posteridad esa imagen que plasmamos en la fotografía al pie de este escrito

Pero no terminaría allí. Presuroso por la diagonal de la Farmacia Soto, se aproximaba como tormenta de verano, el Lalo Argüello, que también luego de los afectuosos saludos retomó su ruta raudamente hacia el banco y así fue que el capitalismo nos provocó una nueva a las causas populares.

Seguidamente nos despedimos, prometiendo encuentros telefónicos, personales y/o virtuales para seguir compartiendo ese placer bohemio de celebrar la amistad a cada paso, y si es en fuente de la Plaza Mitre… mejor.

plaza mitre