Relato de un hecho histórico casi desconocido sobre un ícono de la Plaza Blanca de Villa Dolores
El monumento a la madre de Plaza Blanca




Por: María Lucila
Pantaleo Guerrero

Transcurrían en Villa Dolores los 1962-1963. En esa época era intendente municipal el abogado Arnaldo Olmedo, quien dejó un notable avance en la obra pública local.

Por entonces se proyectaba una total remodelación de la Plaza Blanca, y el encargado de la planificación era el Jefe de Obras Públicas, Arquitecto Enrique Lolhaberry.

Entre los aspectos que comprendían aquella remodelación figuraban el nuevo trazado de las calles internas, nuevos jardines, arbolado, ornamentación con nuevos diseños de sus jardines, instalación de nuevos juegos para niños y colocación del monumento a la madre. Este bello monumento fue adquirido por la municipalidad a una escultora española que residía en la ciudad de Córdoba.

Relato de traslado del monumento a la madre.

Para el traslado de la delicada obra fue comisionado el Sr. Román Guerrero (mi abuelo), quien junto al arquitecto Lolhaberry partieron hacia Córdoba en un vetusto vehículo marca Rastrojero, único medio que por entonces contaba la municipalidad para esa tarea.

      Román Guerrero y el viejo Rastrojero

Debido al peso del monumento se decidió emprender el regreso por la ciudad de Río Cuarto, para evitar el viejo camino de Las Altas Cumbres, cuyo trazado era muy sinuoso. Con la pesada y frágil carga, y a un andar muy lento, ya cerca de destino, se reventó de uno de los neumáticos traseros del vehículo. Con mucha dificultad, debido al peso de la carga, se logró cambiarlo y así seguir con el trasporte. Pero faltando cien kilómetros para llegar, se reventó el otro neumático trasero, con el agravante de ya no contar con la rueda de auxilio.

 

Un vecino de Villa Dolores, que venía desde Villa Mercedes, trasladó al arquitecto Lolhaberry con las dos llantas hasta nuestra ciudad para ser arregladas.

Por entonces Don Manuel Cuestas era el gomero de la Municipalidad y fué quien envió las ruedas para el Rastrojero en el único vehículo que por entonces tenía capacidad para llegar rápido a ese lugar: el camión regador FORD 600.

Como a las tres de la madrugada se logró poner en marcha el Rastrojero, pero debido a una falla en el marcador se quedó sin combustible. De inmediato el conductor comenzó a hacerle señas al camión que iba adelante, pero éste siguió camino sin darse cuenta de lo que sucedía detrás suyo.

A las seis de la mañana un camionero se detuvo junto al Rastrojero y habiéndose informado de los acontecido les regaló 20 litros de gasoil y lo remolcó hasta que el vehículo arrancó. Fue con esa ayuda que finalmente llegó el trasporte con la escultura a Villa Dolores.

En esa época Román Guerrero tenía 19 años y ocupaba el puesto de Capataz General de la Municipalidad de Villa Dolores.

A pesar de las dificultades que se presentaron, se destacan la determinación y fuerza de voluntad para lograr el objetivo propuesto.

Así como una madre lucha y hace lo necesario por el bienestar de sus hijos, estos dolorenses trabajaron desde su lugar para hacer honor a tan representativo monumento que hoy adorna nuestra Plaza Blanca.

Román Guerrero y el monumento que transportó hace más cincuenta años.