Arte ChuncanoRelatos Chuncanos

Prefiero el cielo de Traslasierra

Cuando somos niños, antes de dormir, nos cuentan que hay un cielo donde van los buenos. Hay figuras aladas con túnicas blancas y un cordón atado a la cintura. Caminan sobre un colchón de nubes. Ellas son blancas, con barba o cabellos rubios, ángeles regordetes que vuelan plácidamente. Querubines y arcángeles custodian la entrada con espadas flamígeras.

Por Alejandro Oscar Allende

En un trono de oro y brillantes está sentado San Pedro con sus llaves colgadas del cuello. Atrás se advierten basílicas y catedrales de domos relucientes y espigadas torres. Se escucha una suave música de arpas y flautas. Coros de ángeles y serafines endulzan los oídos de los agraciados. A el se llega por escaleras de cristal. Hay olor a rosas y se liba aguamiel. Se huele a rosas e incienso. Todo es muy idílico, puro, transparente.

Prefiero el cielo de Traslasierra, en el que me figuro todo no es tan parecido a ese cielo ideal, pacífico y tranquilo.

Para llegar al cielo de Traslasierra, hay que llenarse de polvo. Esperar en la terminal vieja de Villa Dolores, comiendo una tableta de dulce naranja y harina, y tomarse “El Petiso” o la “20 de Junio”, transitar entre el serrucho del camino viejo de las Altas Cumbres, y después de pasar los caracoles y el puente del cura, llegar al hotel “El Cóndor”.

Ahí no están los ángeles rubios e impolutos, sólo curtidos parroquianos de la Pampa de Achala que te miran de reojo. Antes de ir al portal al cielo,(que es al fondo del hotel), un silencioso achaleño con gorro de lana, te da un té de yuyos y un sándwich finito de pan casero, jamón crudo y manteca. Y ahí entrás al cielo chuncano.

Prefiero el cielo de Traslasierra, en el camino se huele menta peperina, poleo, y si vas descalzo, podes pisar espinas de algarrobo o las “perfumadas” chinches del molle.

De repente hay unos seres como arcángeles, que custodian la entrada. Son los montoneros de Santos Guayama, sus ojos son carbones encendidos y de sus espantosos corceles sale fuego de sus narices. En vez de la túnica blanca o la armadura reluciente, visten bombacha negra y chambergo, Sus guardamontes infernales largan chispas. En la mano enristran una tacuara encendida. Con gesto adusto te hacen pasar. Será el cielo o el infierno?

Prefiero el cielo de Traslasierra. Al entrar no hay colchón de nubes. Hay arroyos y piedras, ruido de vertientes. En el piso se enseñorean las tuscas y verbenas que enrojecen el sendero, como dijo un poeta que conocemos. No hay alfombras ni terciopelos.

De repente suenan los balidos de una majada de cabras. En las alturas de ese cielo chuncano no vuelan los angelitos rubios tocando las arpas doradas. En vez de ello vuelan furiosos Mirages con fragatas piratas pintadas en sus cabinas. Sus pilotos los hermanos Castellano. En el fondo, hay olor a pólvora y sangre. Desde una espesa humareda llega la voz adusta del Coronel Agustín Olmedo, con su uniforme hecho jirones que manda al Batallón Córdoba de esqueletos fantasmas a degüello en Curupayty. ¡Me parece que se mezcla todo!¿Es cielo o es Infierno?

Prefiero el cielo de Traslasierra. En vez de la música suave de los coros celestiales suenan “Los Pointers”. Sus instrumentos en vez de arpas y cítaras son el contrabajo el piano y el tambor. Los bailarines no visten túnicas, y giran en círculos a contra reloj arrastrando los pies, Muchas caras morenas de los paisanos de la tierra y de los inmigrantes del Piamonte!

También al fondo se percibe en un lugar cercado con bolsas de arpillera unos músicos que tocan tonadas y cuecas, Me parece reconocer a Julio Tello y Perico Villarreal. Una armónica con un traje de luces me hace sospechar: será Timoteo?

Prefiero el cielo de Traslasierra, que se mezcla un poco con el infierno, al seguir bajando y subiendo aparecen parroquianos de “El Espléndido”, “El Vomito”, “El Trébol”, que sonríen desde sus mesas de hierro con su tacita de café o vaso de vino “Sardana”, y saludan a los ingresantes entre la humareda.

Llegando al fondo, se siente ruido de fraguas y golpes en la bigornia. Se parece al Hades de Vulcano. Son los Magris de Las Tapias, que sudorosos se empeñan en cerrar un aro de sulky, y también están herrando una mula malacara que se prepara para cruzar las sierras con unos pintorescos estribos de madera ! Esa la conozco.

Prefiero el cielo de Traslasierra, que se mezcla un poco con el infierno. Todo baja y sube. En una capilla blanca y con una cruz de hierro en la puerta hay un paisano sentado en un banco de algarrobo con cuero de oveja, conversa animadamente con unos leprosos con los cuales comparte mates con yuyos. ¡¡Es el Compadre Brochero!! En este cielo reemplaza a San Pedro muy ocupado en Roma. A sus pies en vez de vírgenes y vestales, se arrodillan en un rezo las madres franciscanas y sus hermanas esclavas de Jesús!

Todo se vuelve ahora mas conocido. Del infierno de abajo suenan rugidos y se levantan polvaredas. Esta vez hay olor a fierros y aceite quemado. Hay una carrera en marcha, viejas “cupecitas de TC” del “Pechito” Allende y el “Gringo” Gaía, corren con el 128 del “Turco” Oscar Badra. De las sierras bajan los 18 del “Cabezón” Soto y el “Caballo” Recalde. Todo se mezcla! Cielo e infierno. Así es el cielo chuncano.

Quizás no sea el cielo ideal, quizá es el deseo de que así sea, en base a mis propias vivencias. No lo sé. Aparece la Escuela Normal, donde en el recreo una jovencita Juanita Magris levanta la mirada al balcón del Hotel Parracone en el que se muestra el recién llegado “Pechito” y se sonríen, se hacen miradas. Formaran luego una familia con tres vástagos. Todo en ese entorno, de Grutas con orejas, de piedras pintadas inmemoriales que alertan sobre el remanso.

Como no pensar que eso era o es el cielo, y que ahora que se han ido, allá se vuelven a encontrar, y como en el final de la peli del Titanic, todos celebran ese abrazo.

Quedará seguir rezando para cuando uno esté listo para ese viaje!!!


Foto Portada : ©Sergio Coria