En el día del año en se junta el final y el comienzo, nada mejor que un deseo bien chuncano.
Feliz chancaní…!




No hay certezas sobre el significado de esta palabra que nos heredaron los verdaderos dueños de estas tierras chuncanas.

Algunos sostienen que chancaní quiere decir final, porque allí termina el valle y comienza la montaña. Otros, afirman que quiere decir principio, porque es donde comienza el valle que se extiende hasta confundirse con llanos riojanos o el desierto sanjuanino.
Pero cualquiera de estas dos acepciones son correctas, pues cada final implica un comienzo.

Y hoy, el último día del año, bien podríamos decir que es un “chancaní”.

Un tiempo en donde se detiene el paso y se mira para atrás tratando de indentificar en qué lugar de la huella hubo algún traspié y por qué causa fue. Pero fundamentalmente lo hacemos para no perder noción desde donde venimos.

Chancaní es el nombre que recibe la pequeña población situada al extremo oeste de la provincia de Córdoba, a 265 km de la ciudad capital y a 70 km. al norte, de Villa Dolores.

Es el lugar donde nacieron mi madre y sus hermanos, los padres de mi madre, los tíos y tías de mi madre, en fin… es el lugar donde persisten las raíces familiares, y residen historias que iremos trayendo para seguir encontrándonos.

Chancaní es un caserío que, junto a sus dos represas, se visualiza desde lo alto de la Quebrada de la Mermela.

Ese lugar no pudo tener mejor nombre.

Porque es justamente desde allí, desde el final de la Pampa de Pocho donde se divisa, con una panorámica belleza, el valle que se estira hasta el horizonte, ese horizonte tan necesario para los caminantes pues es el incentivo para continuar la marcha.

En ese puntito estamos, listo para emprender un nuevo tramo.

Mirando la huella caminada, desde Chuncania queremos agradecer la compañía de cada uno de ustedes en este tramo del camino. Más de 250.000 personas lo hicieron este último mes. Hemos ido descubriendo y desempolvando historias que riegan con dignidad nuestros orígenes, y personajes que nos trasportan a la ternura de la infancia. Nos hemos alegrado con el Cura Brochero y acompañado su vida y obra en un intento por demostrar que la solidaridad puede vencer las trabas burocráticas en pos de la dignidad humana.

Todo lo hecho hasta ahora, ha sido realizado a pulmón, y hemos podido comprobar que hay muchísimo más por descubrir de este hermoso valle nuestro que es Chucania.

Emprendemos el 2017 esperanzados en que que la contribución publicitaria de comerciantes amigos nos permitarn lograr todo lo que aún nos resta por compartir. Pero más esperanzados estamos en que los organismos oficiales contribuyan en recuperar y preservar nuestras esencia que está en cada paisaje, en cada aroma de la vegatción, en nuestro acento edrújulo para decir las cosas que nombramos tan peculiarmente.

Ahora, acompañanos imaginariamente al borde de la Quebrada de la Mermela, a los mismísimos dominios del Apu Kuntur (Cóndor) y miremos allá… abajo… a Chancaní… al final y al comienzo. Y emprendamos este nuevo tramo del camino orgullosos de ser chuncanos hasta los tuétanos.
Feliz “chancaní” hermanos chuncanos y que la Pachamama nos siga dando fuerzas para defender su obra que nos cobija generosamente.