Conciencia Ciudadana
Ambulancias y la odisea de llegar al Hospital Villa Dolores




Por Martín Fisher

Cada vez, en la ciudad, es más frecuente escuchar y ver ambulancias transitando raudamente rumbo a algún centro médico asistencial. Y resulta particularmente angustiante comprobar el modo en que indiferente con que los conductores reaccionan con al desesperado ulular de las sirenas.

Seguramente que para obtener un diagnóstico sobre este comportamiento de una parte de la comunidad requeriría el concurso de psicólogos sociales, sociólogos y expertos en tránsito, sin embargo, existen evidentes falta de sentido común, que muchas veces ponen en riesgo la vida de quienes deben ser trasladados en esas ambulancias.

El crecimiento demográfico, sumado al incremento del parque automotor, y particularmente en el rubro motocicletas, ha disparado las estadísticas de accidentes de tránsito con lesionados de distintas consideraciones.  (Un espacio aparte requiere el debate por el uso de casco en quienes se trasportan en motocicletas.)

Internacionalmente los automovilistas reaccionan de inmediato al estridente sonido con el que las ambulancias anuncian su urgente necesidad de paso libre, pero con alarmante sorpresa para quien escribe, me tocó presenciar con impotencia de qué modo se obstruyó el paso de una ambulancia que iba con rumbo al Hospital local. En efecto, el sábado 2, en la intersección de  Av. San Martín y Moseñor D´Andrea los vehículos que se encontraban esperando, sobre la primera de las arterias, la luz verde del semáforo parecían no considerar el apremiante aullido de la sirena.  Sólo cuando la luz verde se encendió las dos columnas de automóviles se fueron acomodando de modo tal de favorecer el paso al vehículo sanitario.

Esto, que podría considerarse como un exceso de celo en el cumplimiento de las normas de tránsito, que penan con gravosas multas el paso de semáforos en rojo, también cabría calificarse como un simple, vulgar y egoísta gesto de desprecio por la vida del prójimo.
Días antes un incidente similar se había producido en pleno centro de la ciudad, en la esquina de Sarmieto y Cenobio Soto. Una ambulancia, que se trasladaba por esta última arteria, en la popular “Esquina de los Bancos” vio demorado su tránsito por automovilistas que esperaban la luz verde del semáforo. Afortunadamente para quien estaba siendo socorrido, esa luz  se encendió de inmediato y entonces la espera fue brevísima.

En cualquier urbe, ante una situación similar, los conductores que están delante de una ambulancia en urgencia, toman todas las precauciones para cruzar el semáforo en rojo si en necesario, de modo de faciliarle el paso.  Pero es el único caso en donde la autoridad de aplicación perdonará la falta ya que está en juego un interés que está por encima de todos los demás intereses: la vida

Siempre será un misterio quién era transportado en esa ambulancia y qué tipo de atención requería con tanta urgencia y tampoco se podrá conocer qué tanto riesgo corría su vida. Pero el sólo hecho de pensar que en ella podría estar siendo traslasadado un miembro de mi familia o un afecto cercano, hizo que me corriera un escalofrío por el cuerpo.

Se torna imperativo tomar conciencia de lo vital que es liberar el tránsito a las ambulancia cuando lo hacen en situación de emergencia, después de todo,  puede que ella este transportando a un familiar o afecto de alguno de nosotros.